A menudo, mucha gente me dice cosas como:

  • “Yo quisiera un negocio como el tuyo, pero uuuh….”
  • “Me gustaría comenzar un negocio pero…no tengo dinero”
  • “primero terminaré una maestría y después abriré un negocio”

 Así que me gustaría mucho compartir, otra vez, la historia de Kukis by Maru, con un poco más de detalle, y tal vez, sirva de inspiración a algún empresario en ciernes que esté leyendo este blog.

Desde muy joven descubrí  el dicho “El camino más directo hacia el corazón de un hombre, es por el estomago”… amigos de la preparatoria y del Tecnológico recuerdan que me encantaba hacer cenas, desayunos, hornear panes, besitos y churros para invitar y consentir a todos.

No tuve muchos enamorados, pero si muchos amigos que disfrutaban venir a la casa. Mis padres fueron siempre muy generosos  -lo siguen siendo- y me dejaban abrirle la puerta de casa y cocina a todos mis compañeros. Recibir a alguien en mi casa, que es la de todos ustedes, sigue siendo uno de mis placeres más grandes.

De hecho, yo lo que quería ser desde los 13 años era una ANFITRIONA de RENOMBRE INTERNACIONAL. Deseo que cultivé después de leer la biografía del extraordinario Albert Schweitzer. El relato de su vida es fascinante, sí, pero por alguna razón, en mi cerebro se quedó grabado un párrafo que decía algo así como “Schweitzer era uno de los invitados favoritos de las sensacionales fiestas de la Sra. Olvidésunombre, extraordinaria anfitriona de renombre internacional”

Desde entonces, me intriga la idea de recibir tan bien a los invitados, que una pueda ser reconocida por ello hasta en el extranjero.

No imaginaba a los 13 lo que iba a aparecer en mi futuro.

En Julio de 1981, poco después de regresar de mi año con el grupo internacional Viva La Gente, donde conocí y me enamore de Ralf, empecé a hacer planes para ir a Vancouver a visitarlo.

Como la última vez que lo vi estaba súper flaco, me sorprendió verlo en el aeropuerto 4 meses después, ramo de flores en mano y una figura un poco más, pues, como decimos en mi tierra, “hermosita”.

Incapaz de preguntarle al hombre de mi vida “¿Cómo es que has subido de peso?”  -cuando se ha sido gordita toda la vida, esta pregunta es considerada como agresión mortal-, decidí esperar a descubrir que había pasado con Ralf, y su cintura.

Aún estaba muy delgado, pero algo me dijo que mi novio estaba siendo consentido por otra mujer… (continuará)