Habíamos vivido y trabajado en Vancouver. Pasamos 8 meses paseando Europa, mochilas al hombro, y recién veníamos de manejar un restaurante en Cancún, donde vivimos 3 años.

Ya en Mérida, Ralf trabajaría en el negocio a su medida: Diseño por Computadora (era 1991 y no había nadie que hiciera esto en Mérida). Todo iba bien, excepto que yo andaba inquieta, me sobraba tiempo y quería seguir viajando.

Como millones de personas en todo el mundo, necesitaba dinero para cumplir mis sueños.

La oferta de panes y dulces caseros en nuestra Mérida siempre se me había hecho excepcional. Hasta hoy creo que la repostería Yucateca, con su gran influencia  norteamericana y europea, es la mejor del país. Esto lo digo sin intención de ofender a nadie, y sabiendo muy bien de las delicias que he probado en Monterrey, Oaxaca, Guadalajara, Veracruz, etc.

Así que mi intención no era traer nuevos sabores, porque a mí los existentes me parecían y siguen pareciendo los mejores.  Doña Teté, Doña Anita, Doña Beatriz Casellas, fueron solo algunas de las damas que han precedido a las reposteras que hoy en día nos deleitan, como son Tere Cazola, Ana M. Medina, Pau Rodríguez, Ily Medina y Alejandra Ponce. Ayer como hoy, el Sureste Mexicano ha dado extraordinarias reposteras.

En lo que no estaba yo satisfecha, era en la manera de empacar estos panes tan deliciosos, pues me parecía demasiado sencilla la envoltura para el rico contenido.  Así que me di a la tarea de crear empaques preciosos. Pero, OBVIAMENTE, yo tendría que crear lo mío, pues no imaginaba a nadie comprando MIS envolturas para SUS pasteles.

Ralf me animó a volver a las galletas. Cuando era pequeña, mi sueño era ganarme la vida pintando monitos. Sin embargo, en ese momento no había la demanda que ahora hay de caricaturistas y diseñadores. Así que volqué ese deseo en mis galletas: decorando, barnizando y delineando todos los diseños que se me ocurrían.

Kukis by Maru nació realmente en mi cocina, en casa. Y estas son algunas cosas que en ese tiempo aprendí:

 

La práctica continua hace al maestro.  No eran tan lindos los primeros diseños, o tal vez eso pienso porque ahora los comparo con nuestros empaques actuales. Para todos aquellos que me preguntan: “¿No da cursos?”, he aquí la respuesta: practica, echa a perder, mejora, descubre tu propia técnica. El mundo está lleno de ejemplos de triunfadores que, saliéndose de lo establecido, crearon sus propios métodos y, sobre todo, su buena suerte.

 

No comiences queriendo vender, primero regala. En la mañana del 19 de noviembre de 1991, estaban reunidas en mi casa casi 60 mujeres que yo había convocado con unas preciosas invitaciones que Ralf me diseñó. Amigas, vecinas, tías, primas, mamás del salón de mi hija Mariana  Ale aún se encontraba dentro de mí, y nacería casi 3 meses después y cuanta mujer pude invitar, degustaban encantadas mis galletas y admiraban las hermosas canastas que las envolvían, listas para regalar. ¡Mi intención era recibir cuando menos unos 20 encargos! Solo recibí uno. UNO.

 

No te desmoralices, continúa. Todas mis invitadas partieron felices con la promesa de que “me llamarían”. Creo que algunas sí lo hicieron. Pero la señora  no recuerdo quién fue, ¿alguien me puede ayudar?  que me encargó esa canasta el 19 de noviembre, me pidió que la preparara yo el 12 de diciembre, pues la persona que iba a recibirlas retornaría a México DF en esas fechas y no estaría aquí en Navidad.

 

En el día acordado, la canasta estaba lista. Como toque final, Ralf le diseñó una pequeña tarjeta que aún hoy acompaña a nuestras canastas, y que dice: “Fuimos horneadas hoy, para conservarnos frescas, guárdanos en un recipiente con tapa”. En la parte de atrás, iba mi nombre y número de teléfono. Antes de que hubieran pasado dos horas, la persona que recibió mi canasta ya estaba llamando. Encargó dos. Recuerdo que le pregunté qué tal le habían parecido las galletas, y me contestó (como hasta la fecha contestan muchos): “No me atrevo a abrir la canasta ¡¡Está divina!!” Ese fue el principio de una Navidad que resultó en la venta de más de 50 canastas. Sola, horneando de 4 PM a 1 AM en el pequeño horno de la cocina. Cansada, pero FELIZ.

 

Fue en la Navidad de 1993 cuando mi padre llegó con el periódico en la mano. En sus páginas se anunciaba la apertura de la primera Plaza Comercial de lujo de Mérida, La Gran Plaza. Con determinación  y descartando el fracaso como una opción nos dedicamos a hacer todos los trámites necesarios para abrir en Mérida la primera Galletería Gourmet del país. Pedimos créditos, avales y ¡hasta aseguramos propiedades…ajenas!

Muchas fueron las personas que preguntaron: “¿Galletas?, ¿y quién va a querer comprar galletas?” Veintitrés años después,  esa pregunta se ha respondido por sí sola.  

Maru