Ese día, recuerdo haberme despedido de ellas, las dejé en sus sillas frente a la mesa listas para comer, cerré la puerta y salí corriendo hacia el carro para regresar al trabajo. Justamente antes de subir al coche escuche: ¡Mamá!…. me detuve mientras cerraba los ojos y pensaba ¡No please, tengo prisa! Regresé, abrí la puerta y les pregunté: ¿qué pasó? A lo que ellas respondieron con un aullido de lobeznos “Aaaauuuuu ¡te quiero mamá!”. Mi corazón se derritió, manejé al trabajo con una sonrisa de oreja a oreja y mis ojos un poco cristalinos, llena de felicidad y orgullo.

Pero, ¿qué tiene de especial ese momento? ¿por qué el aullido? ¿por qué a nuestra familia le decimos manada?

Si bien, cada familia se distingue por su propio lenguaje, valores y creencias, es decir su propia esencia; el lenguaje de la mía se origina gracias a un libro que llegó a mi vida en el momento indicado: Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pinkola Estés.

Para las personas que no hayan escuchado de él, este libro no tiene nada que ver con hombres malos y caperuzas perdidas y mucho menos con vampiros y lobos disputando por el amor de una mujer con “exótica sangre”.

Para ponerles en contexto, este maravilloso libro, resume la larga trayectoria de la autora como Psicoanalista Junguiana combinado con el análisis sobre relatos infantiles y la influencia de ellos en el comportamiento y la conducta de la mujer, ¡Bravo Clarissa!

Durante el tiempo que lo leí, escogí como santuario un restaurante que gracias a la seguridad para los niños dentro del lugar y a la zona de juegos, los papás pueden disfrutar tranquilamente su comida y una plática “casi” sin interrupciones.

Acudíamos seguido, nos sentábamos en nuestra mesa de siempre, ellas con su distintivo ¨sale bye mamᨠcorrían a los juegos y yo enseguida sacaba mi libro.

A pesar del bullicio de los niños, el partido de fútbol en pantalla, la música de fondo y las voces de los comensales, podía sumergirme en mi fabuloso libro de cuentos y análisis feminista, gracias al “Super poder de Bloqueo¨: habilidad que toda mujer desarrolla automáticamente al tener hijos y el cual consiste en estar pensando en nada, con una media sonrisa como autodefensa para no ofender a aquellas personas que muy amablemente te saludan y tú no te das cuenta, porque te encuentras felizmente en “Nothingland”. ¿Te identificas? :)

Fueron meses de lectura y pensamiento reflexivo lo que me llevó a confrontar y aceptar la influencia de una sociedad machista en la que estaba sumergida y con la que había crecido durante toda mi vida.

Hice un recuento de mi pasado, de las voces, de los mensajes implícitos en cada frase “educativa” de colegios, familia y todo lo que me rodeaba.

La verdad es que no era nada que no supiera o no me hubiese dado cuenta, pero cada vez me hacía más consciente.

Comencé a cuestionarme frases tan comunes y que repetía sin pensar en el mensaje oculto, como: las niñas por naturaleza son maternales en cambio los niños son agresivos ¡Ten cuidado fulano, a las niñas hay que tratarlas con delicadeza!

¡Pobres pequeños¡ ¿en dónde dice que los niños por naturaleza son agresivos y las niñas delicadas?

Entonces empecé a sacar mis propias conclusiones: ¡No somos maternales! Más bien, a lo largo de la historia hemos tenido que guiarnos las unas a las otras. Nuestra inteligencia nos ha llevado a entender que para sobrevivir hay que ayudarnos y protegernos. It´s not about motherhood, it´s about sisterhood.

Entonces… a manera de ejercicio empecé a cambiar la frase: ¡Fulana(o), no pegues, a ninguna persona se le pega! 

La agresividad puede ser el mecanismo de defensa como reacción a una frustración, al no saber cómo actuar o enfrentar lo que nos molesta. Y esto nos ocurre tanto a mujeres como hombres, mejor aceptemos que es cuestión de educación y no de género.

¿Cuántas veces, de adultos nos enfrentamos a situaciones en donde no sabemos cómo actuar? Entonces en vez de que algunos hombres actúen de manera agresiva y algunas mujeres de manera sumisa, tal vez si la frase la empleáramos de diferente manera, todas las personas, desarrollaríamos verdaderas habilidades que nos ayuden a resolver situaciones de conflicto y evitar sentirnos frustrados.

Agradecí y me llené de orgullo de tener dos hijas mujeres, pero ahora entendía perfectamente la importancia y responsabilidad de formar personas inteligentes y valientes, mujeres capaces de escuchar su voz interior, auténticas y fieles a ellas mismas.

A partir de ahí, nuestra familia empezó a definir los principios fundamentales que regirían nuestra vida, empezamos a romper esquemas que no queríamos adoptar y fue así como empezamos a crear nuestro propio lenguaje.

Practico con cosas sencillas, como por ejemplo, cuando mis hijas se encuentran en una situación difícil, la manera en la que abordo el problema es la siguiente: ¨Sofi, Hannah, utilicen su inteligencia para resolverlo, a ver ¿cómo creen que podemos mejorar esta situación?¨. “Sofi, Hannah nunca olviden lo valientes que son, que nada ni nadie apague sus voces, hijas, acuérdense que son unas lobas”.

Por favor, no vayan a creer que la frase la aplico mientras sacamos los colmillos y gruñimos porque un venado pasa enfrente de nosotros y tenemos hambre

La mayoría de las veces “el GRAN problema” es que una le pintó el cuaderno a la otra, alguna discusión en la escuela con amigos por un crayón, pasar el mini pasillo oscuro para ir al baño en la noche o simplemente esa característica propia del Toddler porque las cosas no están como ellas quieren, lo cual puede desencadenar un berrinche irracional al estilo “El Exorcista”.

Estos “gravísimos problemas” son los que me hacen pensar que mientras más temprano aprendan a conocerse a ellas mismas, a desarrollar sus habilidades y a actuar de manera responsable ejerciendo su racionamiento critico, adquirirán herramientas muy valiosas, mismas que en su vida adulta sin duda les ayudarán.

Sé que Sofia y Hannah crecerán y no siempre podré estar ahí para orientarlas y protegerlas, así que hoy por hoy y a tan corta edad les recuerdo con orgullo que son personas, son mujeres, son hermanas y son lobas….¡Aaauuuuuu!

-Janet