Era un 27 de Junio como cualquier otro, cumpleaños de mi hermana Erika. Desde temprano acordé con mi papá que iríamos a Gran Plaza a comprar su pastel de cumpleaños porque había leído en Facebook que el Pay de Limón de Kukis by Maru era único, y ya que ese es el pastel favorito de mi hermana teníamos que conseguirlo a como diera lugar.

Llegamos a la Plaza muy temprano, Kukis apenas estaba abriendo, y al acercarme al mostrador, la señorita detrás de él me recibió con una sonrisa en el rostro. Le pregunté acerca del Pay, y me informó que en ese momento no tenían, pero que si tomaba asiento y esperaba 10 minutos el chofer ya estaba en camino con una nueva tanda de producto fresco. Le agradecí y le dije que esperaría, ya que era regalo especial por el cumpleaños de mi hermana.

Junto con mi papá tomé asiento en la banca frente a la tienda, a esperar que llegara el chofer. En realidad como sólo había ido a la plaza por el Pay, no tenía caso dar una vuelta o curiosear en otras tiendas. Pasaron unos minutos y de momento la señorita de Kukis salió detrás del mostrador y se acercó con una caja en las manos.

-“Me da mucha pena, pero acaba de llegar el chofer y no trajeron el Pay de Limón que vienes a comprar. Para que tu hermana no esté triste, por favor acepta esta caja con Cupcakes y regálaselos de nuestra parte”.

La señorita me entregó los Cupcakes, y creo que debió de haberle extrañado mi cara de estupefacción, porque volvió a sonreírme, ofreció nuevamente disculpas, y regresó a la tienda. Rápidamente le di las gracias antes de que terminara de irse, y me fui caminando lentamente al estacionamiento.

Ese suceso marcó algo en mi vida que no les puedo describir. La señorita de Kukis jamás me había visto, yo no tenía idea de quién era, pero su amabilidad y el hecho de que se acercara a mí a ofrecerme un regalo a pesar de no haber comprado nada, sólo porque ellos no tenían lo que yo había ido a buscar, me desarmó totalmente. Si yo hubiese ido a cualquier otra tienda en Mérida, puedo apostar lo que sea que la señorita detrás del mostrador me hubiera despachado sin más que un simple levantamiento de hombros y un “No hay”, pero en cambio la experiencia en esta tienda –que apenas conocía a pesar de haber estado desde que abrió la Gran Plaza- fue tan placentera que decidí volverme cliente.

Cada vez que iba a la plaza, pasaba a comprar galletas de Choco chip y Nutella –mis favoritas hasta la fecha-; en Facebook me hice Fan de su página y los seguía de cerca, amando el humor con un pequeñísimo toque de sarcasmo de las publicaciones. ¿Quién será Maru? ¡Muero por conocerla!  

Participé en concursos y rifas en donde Kukis regalaba producto y en los cuales fui ganadora en dos ocasiones, me inscribí a un curso de decoración de galletas artesanales que impartió la misma Maru, y después de estar ese par de horas con ella, escuchando atenta sus indicaciones y sintiendo un profundo respeto y admiración por esa señora que no conocía pero que al escucharla me inspiraba a querer aprender lo que ella quisiera enseñarme, que una espinita se clavó en mí: “Necesitotrabajar aquí”, pensé.

Todo lo relacionado a Kukis me llamaba la atención: desde cómo siempre los chicos detrás del mostrador se veían sonrientes las 24 horas del día, cómo me contestó por teléfono la chica de oficina cuando hablé para preguntar acerca del curso de galletas y el verdadero interés que mostró cuando fui a inscribirme y le dije que llevaba X número de tiempo siendo Fan de Kukis, “¡Wow, es mucho tiempo, eres una verdadera Fan!” me dijo con una cálida sonrisa.

Por mucho tiempo estuvo rondando por mi cabeza el poder trabajar en esa empresa, pero a la vez descartaba la idea porque estaba a un par de semestres de terminar de estudiar Administración de Empresas, ¿de qué podría trabajar en esa tienda de Galletas? ¿En qué se relacionaba vender galletas con mi Licenciatura?

El miedo me duró poco porque a la siguiente vez que vi en Facebook una publicación que reclutaba “Kuki kids” -o sea, los chicos que trabajan detrás del mostrador- envié un correo solicitando una entrevista. Si tenía que empezar en esa empresa que tanto admiraba desde lo primero, vendiendo galletas, pues así lo haría.

Ese algo que me había llamado la atención por tanto tiempo, ese sentimiento de felicidad que yo recibía cada vez que iba a comprar, eso mismo quería poder replicar y transmitir. Estaba decidida a aprender y a hacer algo diferente.

Hoy, casi siete años después, puedo asegurarles que haber ido a esa entrevista de trabajo –a pesar de que tenía terror de que me dijeran “No chula, aquí contratamos Kuki kids jóvenes, no Ruki kids de tu edad”- fue una de las decisiones que más celebro haber tomado. Esa entrevista, ese primer trabajo, me ha abierto tantas puertas, oportunidades y enseñanzas, que no podría terminar de calcular su valor.

Gracias 27 de Junio en donde en Kukis no hubo Pay de Limón. Muchas gracias.

 

Nadia